sábado, 4 de junio de 2011

¡Feliz Encuentro!

¡ Saludos! ¡Bienvenidos!

Grór "El Incansable" os recibe en esta su humilde morada. Adelante, adelante... entrad y sentáos, ponéos cómodos. En seguida comienzo mi relato, porque ¿habéis venido por ello, no es así ? ¿Queréis saber de mis aventuras, de los viajes y peligros a los que me he enfrentado, ¿verdad?... Bueno, sólo pido un poco de paciencia. Tened en cuenta que mi amanuense no irá tan deprisa como mi voz recogiendo en letras lo que os vaya explicando. Antes de nada he de estar seguro que el escriba tenga recado para escribir, bebida para que se haga más placentera esta velada y si hiciera falta comida para todos vosotros, mi silenciosa grey.

Sí. Todo está dispuesto. Podemos empezar. Maese Marce (creo que no me acostumbraré jamás a pronunciar ese extraño nombre), afilad vuestra pluma porque en cuanto arranco a explicar la historía de mi vida será difícil que me sigáis... Allá vamos sin más dilación:

Mi nombre es Grór hijo de Thrór "Costado de Hierro", Enano Incinerado. Nací el 2778 de la Tercera Edad de los Hombres en el octavo año de nuestro destierro en las "Ered Luin", tal y como llaman los elfos a las Montañas Azules. Allí tuvimos que refugiarnos después de que Smaug, el terror Dorado ¡¡¡¡Mahal lo confunda!!!, nos echara de los salones de Erebor, de la Montaña solitaria, hace tantos años ya....



Nací, como he dicho en el exlilio, dónde tuvimos que malvivir dedicándonos a la forja y la minería por un jornal que en muchas ocasiones no llegaba para nada. Allí crecí en contacto con otros de mi raza que como yo debían de poner sus brazos al servicio de hombres y elfos como forjadores, mineros o escoltas. Ninguno de nosotros jamás se arrepintió de tener una vida errante siempre y cuando fuera retribuida con justicia, pero como sabréis todos, en nuestros corazones moraba Erebor, la Montaña Sagrada.

Lo que no esperábamos era que el Hado Oscuro se cirniera todavía con más saña sobre nosotros sólo veinte años después de nuestra salida de la Montaña Solitaria. Siendo yo un tierno infante en el malhadado año de 2790, sucedó un hecho que transtornó la historia de mis gentes. El asesinato ignominioso de nuestro rey Trhór por el orco Azog. Esto desencadenó una de las más cruentas y largas guerras entre mi pueblo y los engendros de Morgoth. La guerra duró seis años y se luchó en cuevas y gargantas de las Montañas Nubladas por la Venganza de la muerte del anciano rey. Esta guerra acabó con la Batalla de Azanulbizar dónde mucha buena sangre enana se perdió para siempre, y dónde mis gentes consiguieron la victoria, lo que provocó que durante un tiempo los orcos no molestaran a los pueblos del norte. Pero.... esa gran victoria se pagó con un precio muy alto, muchos enanos cayeron en ella, entre ellos mi padre... Tantos fueron los que murieron que no pudieron ser enterrados como nuestros preceptos requieren y los Grandes Señores, con nuestro rey Thráin al frente, decidieron hacer unas grandes hogueras donde quemaron los cuerpos de esos nobles guerreros.

La noticía llegó a mi casa en poco tiempo y mi madre, la muy noble Freyya, entonó un lamento que pudo escucharse durante 7 días y 7 noches y después de ello no volvió nunca a hablar. Casi no lo recuerdo porque era muy pequeño aún, pero no pasó ni un año de lo de Azanulbizar cuando una noche mi madre se marchó. No dijo nada a nadie: ni a dónde iba, ni si la acompañaba alguien, ni tan siquiera si algún dia regresaría... La pérdida de mi padre la llenó de desesperanza que no la dejó vivir. ¡Que Mahal los tenga a los dos en su seno!

Mi madre sí dejó una nota dónde me encomendaba a mi tío Frenrir, un acaudalado herrero con gentes a su servicio que me acogió con cariño y rectitud y haciéndose el firme propósito de hacer de mí un enano hecho y derecho. Aunque eso nobles señores, lo dejo a su jucio a medida que escuchen mi relato.


En mis años mozos, hasta los 80 más menos, no sabía a qué dedicarme, cosa por otra parte de los más normal en un joven como yo. Por un lado estaba aprendiendo el oficio de herrero que a mi tío tanto gustaba, por otro me agradaba el espíritu aventurero en que se embarcaban otros señores de mi raza en viajes hasta la aldea de Bree o más allá, según contaban a su regreso en las tabernas junto a varias jarras de buena cerveza degustada. Por último también me atraía el poder algún día dedicarme al sagrado oficio de Minero, de lo que yo consideraba una de las ocupaciones más maravillosas: el extraer de las Venas de Mahal la sustancia misma de la Tierra.... Todo ello me atraía, me embriagaba y como un chiquillo que era no sabía por qué decantarme.

Bueno.... Veo que el escriba casi jadea de tan rápido como lo hago escribir.... Bien. Quizá debamos dejar por hoy mi relato. Sí. Mejor. Así seguiré desgranando mi historia sin hacer que los párpados os caigan y así buenas gentes paguéis el relato y mis viandas con la máxima atención.

¡Salud y hasta la próxima!

2 comentarios:

  1. Mi señor Grór, desde este mismo instante teneis a una seguidora fiel de vuestras andanzas.
    Asi que esperando vuestras historias me quedo.
    Mari Luz

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  2. Este, vuestro humilde servidor, seguirá explicando pasajes de su azarosa vida intentando que no os aburráis con su perorata.
    Siempre vuestro.

    Grór de Erebor.

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