miércoles, 22 de junio de 2011

Bronca.


¡Buenas noches queridos amigos! Días hace que no nos vemos, ¿no es así? Estaba impaciente por reencontrarme con vosotros después de todas estas jornadas sin tener noticias. Veo que a pesar de no tener más remedio que haceros esperar nuestro grupo de conspiradores nocturnos va siendo cada vez mayor… De veras que me siento halagado y entusiasmado.

¡Os debo, de todas formas, una explicación como contador que soy! ¡Y como contador que soy… os debo una explicación! ¿Qué decís maese? De nuevo me despistáis con enigmas que no comprendo y que lo único que consiguen es distraerme y poner nerviosos a estos nuestros amigos. ¿Qué? Que esa frase se parece a la que da un alcalde en un balcón en una ¿qué? En una “peli ¿qué?” La verdad señor escriba… ¡Después de días sin aparecer por esta casa deberíais, al menos, no estorbar el discurso, puesto que el día anterior dejamos el relato en un punto delicado y quiero explicar a nuestros amigos cuál fue la gran falta que hice en aquella primera noche de taberna con la pandilla que tenía por congéneres.

¡Ah! Bien. ¡Eso está mejor! Me comenta que os haga partícipes de sus disculpas. Bueno esto ya es otra cosa. Pedir disculpas es lo menos que podéis hacer puesto que tenéis un compromiso conmigo y con estos amigos que nos escuchan. Al menos, según decís, el motivo por el que no nos habéis podido acompañar es loable… Siendo así, YO no os lo tendré en cuenta. Nuestros amigos ya lo expresarán, si quieren, en alguna misiva dirigida a nuestros humildes espíritus.

Os decía la otra noche que el día de mi 49 aniversario después de la ceremonia en la que entraba en la pubertad, aunque yo ya me tenía por un adulto hecho y derecho, metí la pata, como vulgarmente se dice, hasta la ingle por lo menos…

Quizá alguno de vosotros no entendáis cual es la implicación de aquel juramento que los efluvios del alcohol me hicieron entonar tan a la ligera, pero  a los que sí lo sabéis os haréis cargo de la gran falta que mi ardoroso y joven corazón cometió. Hacer un juramento tan sagrado para llevar a cabo la búsqueda de la Tumba de un Rey Antiguo sin, además, someterlo a consideración de ninguna de nuestras viejas instituciones, acarrea un lógico castigo. Si en la misma frase (qué osadía) a ese Rey Antiguo lo nombras “el más dignísimo soberano de las 7 tribus” es un segundo pecado que debería tener su justo castigo, máxime cuando mi familia, linaje y tribu pertenece al linaje de Durín el Inmortal, el Padre de los Khâzad, de todos los enanos.

Ante estas descabelladas cosas sólo gracias a los rápidos reflejos de Fralin me libré de una sonora reprimenda, sino de algo peor, por parte de la concurrencia de la taberna. Fue sacar las monedas y pagar la primera ronda y todo se relajó, y poco a poco los asistentes estuvieron a sus cosas, a sus conversaciones, a su tiempo de ocio, sin atender a lo que 5 jovenzuelos alocados pudieran decir o hacer.

Después de esto mis amigos también se relajaron y vinieron hacia mí con caras de irritación contenida. Sólo pude decirles que no sabía qué me había pasado, que el alcohol me había traicionado, que las palabras de Báli el Loco me habían desorientado y que les pedía perdón, que no entendía qué era lo que me hizo decir lo que dije. Mis amigos en seguida vieron que era sincero y superaron la posible afrenta exigiéndome que los invitara a algunas rondas más puesto que yo les llevaba tanta ventaja. Por supuesto acepté encantado. Aunque aún no sabía lo  que me esperaba.

Después de hacer “el paseo” y regresar a casa al día siguiente, entre brumas vi que la luz de trabajo de la forja estaba encendida. Recuerdo que pensé: “¡que pronto está trabajando mi tío!” Yo iba directo hacia la gran casa, cuando se abrió la puerta del taller y una bocanada de luz se desparramó por el patio. Junto con esta luz la grave voz de mi tío con una furia contenida me dijo:

—¿Dónde crees que vas?

Me paré en el acto y sentí temor, vergüenza y pena por haber decepcionado, quizá, a mi querido pariente. Esperé lo más recto que pude alguna que otra palabra u orden durante segundos que me parecieron milenios… Al cabo exclamé:

—Pensaba ir a dormir un rato, tío. Hasta el amanecer. Después de este pequeño descanso, podré venir a la forja y ayudarte con mayor eficiencia.

Si los segundos anteriores me parecieron milenios, los posteriores a mi explicación me parecieron Edades enteras. Me fui girando poco a poco; no quería ampliar mi humillación y la de mi tío cayéndome al suelo mientras ejecutaba esta simple maniobra que a mí en ese momento me parecía una de las más grandes proezas que ningún Héroe de la Antigüedad pudiera llevar a cabo. Además este lento movimiento me ayudó a acostumbrar mis ojos a ese caudal de luz que salía de la forja, que se me antojaba la mismísima guarida de un dragón. Estaba tan impactado por esa imagen que casi no escucho a mi tío decirme:

—No. No vas a ir a dormir. Vas a trabajar sin descanso en TU LUGAR, la forja construida por TU GENTE, esa misma gente que esta noche HAS INSULTADO. La gente representada por nuestro Rey Trháin o por su representante Thorin “Escudo de Roble”. Eres muy joven pero eso no te exime de tu culpa, igual que tampoco es excusa el alcohol ingerido.

—Vas a endurecer  tus músculos y mente hora sí hora también trabajando en el noble arte de la Herrería. Si ya sé que tú querías probar la minería, ¿verdad? Pues con lo que ha ocurrido esta noche ni lo sueñes en mucho tiempo. Y aquello que alguna vez comentaste de poder dedicarte a entrenarte y ejercer de escolta, mucho menos. Así que al menos durante unos años no harás nada de lo que nos podamos arrepentir.

—Ahora. ¡Ven! Ponte los guantes y agarra las tenazas que están en la forja. ¡Tenemos mucho trabajo!

Efectivamente, obedecí. Mi tío era un enano muy mayor y con unas malas pulgas terribles si consideraba que tenía que impartir justicia en su Casa. Ante esto y sabiendo yo que había infringido más de una tradición esa misma noche, atravesé el patio iluminado y entré en la Forja.

Sí. Imagináis bien. “La Compañía de los Imberbes” tardó un tiempo en estar completa y seguir haciendo correrías. Pero el tiempo que estuve casi enclaustrado en la herrería me sirvió para templar mi alma, para aprender en la creación de objetos y armas y para saber que la prudencia es un gran valor. Por suerte el castigo “sólo” duró 7 años. Tiempo ese que sirvió también para verme a escondidas con mis amigos y con Báli el Loco.

Estas charlas clandestinas son, quizá, para relatarlas en otro momento. Así que… ¡Hasta bien pronto mis estimados amigos!

4 comentarios:

  1. "—¡¡¡Juro por Mahal el Creador, que no cejaré hasta encontrar y rendir pleitesía la tumba del Rey Azaghâl, el más dignísimo soberano de las 7 Tribus!!!"
    Perdonad mi ignorancia enana, pero ¿podriais explicarme la gravedad del juramento que os tuvo delante de la forja 7 años?

    Una admiradora de vuestra gracia.

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  2. ¡Querida Elena! Con sumo gusto intentaré aclararos cómo de grave es esa frase alocada de juventud. Para nosotros cualquier juramento por el Dios que nos creó es Sagrado, como podréis comprender. Si ese juramento nos lleva a ir en busca de la tumba de un rey de la Antigüedad sin tener el beneplácito de nuestros líderes se puede creer que el objetivo es el mero saqueo, nuevo hecho sacrílego.
    Pero la parte peor de la frase es la final. Para un enano del linaje de Durin decir que el más digno rey de todas las tribus es el de otra tribu puede ser un acto calificado casi de traición. La suerte que tuve en ese momento fue que al ser tan joven y estar algo "achispado" fuí si no perdonado, al menos no castigado con el máximo rigor.
    Creo haberos explicado quan de importante pueden ser frases o hechos para nuestro pueblo.
    Sin más se despide atentamente.

    Grór hijo de Thrór.

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  3. Si es que te pierden las formas.
    Bueno, vale, querido amigo mío, ya sabemos que la liaste parda y te castigaron sin recreo... aventuras! queremos aventuras!!! aventuras con dragones, aventuras con tesoros, aventuras con mujeres... perdón, esto último es tema tabú para vuestra raza.
    De verdad que sois un pueblo extraño, en la taberna de Melee Island puedes escuchar juramentos como ese cada noche, y nadie se tira de los pelos.
    Pero claro, de todo tiene que haber en este mundo de Eru.

    Seguid narrando, maese, que mi curiosidad crece al ritmo que se vacía mi jarra de grog.

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  4. ¡Querido Pirata de Playmóvil!

    Veo que sois poco conocedor de las costumbres de mi Pueblo. Si seguís leyendo la historia de mi azarosa vida iréis comprendiendo cuan de IMPORTANTE puede ser un juramento como ese para nosotros. No conozco la taberna que decís pero imagino que no está frecuentada por enanos, al menos en gran número.

    Sed paciente. La vida cotidiana puede estar llena de emoción también, al menos eso creo. Pero entiendo que queráis saber más... Seguidnos a maese Marce y a mí y podréis encontrar aventuras, peligros y, espero, entretenimiento. PALABRA DE GRÓR HIJO DE THRÓR.

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