martes, 28 de junio de 2011

Espera.

Nos reencontramos de nuevo en mi hogar, ¡gracias a Mahal el Hacedor!  Seguís queriendo saber cosas de este viejo enano, que tantos caminos ha hollado, ¿no es así?

Bien, el relato debe continuar. Escriba, ¿tenéis todo lo necesario? Bien. No, no os preocupéis porque cerveza no os va a faltar.

¿Dónde nos quedamos? ¡Ah! Sí. Es cierto. El castigo. Bueno, al final la cosa se resolvió mejor de lo que yo en aquellos momentos pensaba. Trabajar durante 7 años en la forja con mi tío finalmente no fue algo tan malo, aunque cierto es que al momento de escuchar el veredicto el Mundo se desplomó sobre mi cabeza.

Trabajé sin descanso aquel día y algunos más, no recuerdo exactamente cuántos. Sí tengo conciencia que al cabo de unos pocos, y sin hablar si no se me preguntaba, caí al suelo, dándome un sonoro golpe que me dejó dolorido unas jornadas. Después de este accidente pude ir a mis aposentos y se me dejó dormir y recuperar un poco las fuerzas y la compostura.

Pasaron días, semanas, meses y seguí trabajando en la forja, y descansando lo suficiente para poder volver a ella con renovadas energías. Así, como os digo, fueron pasando los meses y seguía sin saber nada de mis amigos. Creo que ninguno se atrevía a venir y hablar con mi tío, para ver si al menos aligeraba algo el castigo. A mí la espera se me hacía eterna y para no volverme loco me concentraba aún más en el trabajo de herrero, lo que hacía que mi tío me diera aún más trabajo y encargos cada vez más difíciles, ampliando la responsabilidad, la tensión y la desazón que sentía… Pensé: ”se te va a pasar la vida entre estas cuatro paredes” o a veces me sorprendía pensando: “serás el herrero más bueno de Zirak-Dûm, pero el más triste” y alguna vez, incluso, se me pasaba por la cabeza. “te pudrirás aquí, en vida”… ¡Que pensamientos! ¿Verdad? Recordad que era un adolescente castigado. Es cierto que en aquellos momentos todo eso sí lo sentía pero con el tiempo fui viendo que las cosas no iban a ser así, ni mucho menos. Es más, al cabo de los dos años decidí que no iban a serlo más.

Un día, después de las horas de trabajo, en vez de irme a lavar y prepararme para cenar con mis tíos y mi prima decidí hablar con él y pedirle que me levantara el castigo. Se lo pedí con humildad pero sin humillarme, le expresé lo arrepentido que estaba y que jamás volvería a ponerme en ridículo ni a hacerlo con la familia. Esperé la respuesta. Al cabo de unos momentos mi tío me dijo:

 —Veo que estás verdaderamente arrepentido y ése es el primer paso para lavar tu afrenta. No Grór. No te voy a levantar el castigo. Aún no. En lo único que sí que cederé es que si alguno de tus amigos viene en tu busca, si esos jóvenes son capaces de enfrentarse también a sus responsabilidades, quizá te permita salir de vez en cuando, pero tú seguirás trabajando conmigo. Eso sí NO DEBES MANDAR NINGÚN AVISO. Deben ser ellos los que vengan, por propia iniciativa, en tu busca.

Ante esto vi que la situación había cambiado ligeramente. Vi que quizá no tuviera que pasarme toda mi vida en esta ciudad. ¡Seguro que alguno de los compinches vendría! ¡Seguro que me estaban echando de menos! El problema estaba en que debían de estar muy ocupados y por eso no podían acercarse hasta nuestra casa. En resumidas cuentas, me pareció bien lo que dictaminó mi tío y esperé. Y esperé. Y seguí esperando.

Esperé casi otro año. Creo, sin pecar de inmodestia, que me convertí en estos 3 años que llevaba enclaustrado en un muy buen herrero. Todo el tiempo lo dedicaba a ello y aprendí con uno de los mejores, sino el mejor, de todo el asentamiento. Con cada mes que pasaba mejores piezas hacía y más orgulloso estaba mi tío de mí (o eso creía yo).

Al cabo, como os digo, de 3 años del incidente apareció una mañana en el patio de casa Dain “Bonachón”, haciendo honor a su apodo. Tras él y a cierta distancia estaban Fralin, Nain y Furin, todos con más miedo, que vergüenza. Dain se acercó algo más y con palabras entrecortadas y casi susurrantes (en un enano de su tamaño sonaron así) le pidió a mi tío que me liberara de mi castigo, puesto que la “Compañía de los Imberbes” necesitaba de su quinto componente. En ese momento se giró pidiendo con un gesto el asentimiento del resto de amigos, cosa que obtuvo.  Mi tío, que mientras Dain reunió fuerzas para hacer su discurso y mientras lo escuchaba, se había sentado en el banco donde solía fumar su buen tabaco de pipa de la Comarca,  casi se cae de su asiento de la risa que le empezó a brotar de su prominente barriga. Y mientras reía exclamó:

—¡Vaya! ¡Ésta sí que es buena! Realmente sois una COMPAÑÍA, ¿no? Vaya. De verdad que no me esperaba esto. Todos aquí en busca del compinche castigado. Bien. Si tan necesario es para vosotros. Creo que como mínimo debo pensarme la respuesta, ¿verdad?

Yo veía que mi tío estaba disfrutando de lo lindo. Vi como le gustaba manejarnos en esa situación. Yo estaba detrás esperando el veredicto y no era capaz de atisbar qué acabaría decidiendo. En esas cavilaciones estaba que de nuevo habló:

—¡Bien! He decidido que ya que sois tan buenos amigos, debéis para acabar de contentarme resolver un enigma, bueno más bien una adivinanza infantil. Si la acertáis, Grór podrá ir de vez en cuando a disfrutar de tan elevada compañía. Si no acertáis pues… seguirá trabajando con más ahínco y disciplina. ¿Qué decís?

Mis amigos se miraron unos instantes entre ellos y la cara de Dain lo indicaba todo: “¡Chico! Peor no vas a estar, así que al menos lo intentamos”. A mí la verdad no me gustaba mucho la idea pero me di cuenta que estaban muy decididos. Al poco “Bonachón” dijo:

 —Adelante con el enigma mi señor Frenrir. Estamos todos esperando.

—¡Sea pues! Allá va — dijo casi relamiéndose diría yo.

Devora todas las cosas:
Aves, bestias, plantas y flores;
Roe el hierro, muerde el acero
Y pulveriza la peña compacta;
Mata reyes, arruina ciudades
Y derriba altas montañas

—¡A ver! ¿Qué es? ¿Seréis capaces de descifrar este enigma? Bueno, la verdad es que es una pequeña y antigua adivinanza, pero como hemos acordado será el salvoconducto para el Quinto cofrade de la Compañía de los Imberbes, ¡válgame Mahal!, ¡que el nombre os viene como anillo al dedo!

Mientras esperaba la respuesta se me hizo un nudo en el estómago porque yo creía que la sabía. Supongo que mi tío se dio cuenta de mi zozobra porque rápidamente me dijo:

—Lo siento Grór pero tú no puedes dar la respuesta. Solamente tus Valedores están autorizados.

Bonachón se había reunido con los otros y así los cuatro comenzaron a deliberar a la par que a mí me temblaba todo el cuerpo y mi tío empezó a cantar una canción de trabajo, de las que se entonan a ritmo de yunque y martillo.

Como os digo estuvieron un rato pensando los cuatro qué respuesta dar a esta sencilla adivinanza. ¿Qué decís? ¿Que no es tan sencilla? ¿O pensáis que la podréis resolver en un plis plas? Bueno. A ver si es verdad. Dadme la respuesta con Misivas y veremos si la respuesta es correcta. ¿Qué os parece?

Espero vuestros mensajes. Buenas noches mis queridos amigos. ¡Ah! ¡Por cierto! La respuesta y el desenlace del enigma, mis buenas gentes, os las daré el próximo día. ¡Hasta la vista!

miércoles, 22 de junio de 2011

Bronca.


¡Buenas noches queridos amigos! Días hace que no nos vemos, ¿no es así? Estaba impaciente por reencontrarme con vosotros después de todas estas jornadas sin tener noticias. Veo que a pesar de no tener más remedio que haceros esperar nuestro grupo de conspiradores nocturnos va siendo cada vez mayor… De veras que me siento halagado y entusiasmado.

¡Os debo, de todas formas, una explicación como contador que soy! ¡Y como contador que soy… os debo una explicación! ¿Qué decís maese? De nuevo me despistáis con enigmas que no comprendo y que lo único que consiguen es distraerme y poner nerviosos a estos nuestros amigos. ¿Qué? Que esa frase se parece a la que da un alcalde en un balcón en una ¿qué? En una “peli ¿qué?” La verdad señor escriba… ¡Después de días sin aparecer por esta casa deberíais, al menos, no estorbar el discurso, puesto que el día anterior dejamos el relato en un punto delicado y quiero explicar a nuestros amigos cuál fue la gran falta que hice en aquella primera noche de taberna con la pandilla que tenía por congéneres.

¡Ah! Bien. ¡Eso está mejor! Me comenta que os haga partícipes de sus disculpas. Bueno esto ya es otra cosa. Pedir disculpas es lo menos que podéis hacer puesto que tenéis un compromiso conmigo y con estos amigos que nos escuchan. Al menos, según decís, el motivo por el que no nos habéis podido acompañar es loable… Siendo así, YO no os lo tendré en cuenta. Nuestros amigos ya lo expresarán, si quieren, en alguna misiva dirigida a nuestros humildes espíritus.

Os decía la otra noche que el día de mi 49 aniversario después de la ceremonia en la que entraba en la pubertad, aunque yo ya me tenía por un adulto hecho y derecho, metí la pata, como vulgarmente se dice, hasta la ingle por lo menos…

Quizá alguno de vosotros no entendáis cual es la implicación de aquel juramento que los efluvios del alcohol me hicieron entonar tan a la ligera, pero  a los que sí lo sabéis os haréis cargo de la gran falta que mi ardoroso y joven corazón cometió. Hacer un juramento tan sagrado para llevar a cabo la búsqueda de la Tumba de un Rey Antiguo sin, además, someterlo a consideración de ninguna de nuestras viejas instituciones, acarrea un lógico castigo. Si en la misma frase (qué osadía) a ese Rey Antiguo lo nombras “el más dignísimo soberano de las 7 tribus” es un segundo pecado que debería tener su justo castigo, máxime cuando mi familia, linaje y tribu pertenece al linaje de Durín el Inmortal, el Padre de los Khâzad, de todos los enanos.

Ante estas descabelladas cosas sólo gracias a los rápidos reflejos de Fralin me libré de una sonora reprimenda, sino de algo peor, por parte de la concurrencia de la taberna. Fue sacar las monedas y pagar la primera ronda y todo se relajó, y poco a poco los asistentes estuvieron a sus cosas, a sus conversaciones, a su tiempo de ocio, sin atender a lo que 5 jovenzuelos alocados pudieran decir o hacer.

Después de esto mis amigos también se relajaron y vinieron hacia mí con caras de irritación contenida. Sólo pude decirles que no sabía qué me había pasado, que el alcohol me había traicionado, que las palabras de Báli el Loco me habían desorientado y que les pedía perdón, que no entendía qué era lo que me hizo decir lo que dije. Mis amigos en seguida vieron que era sincero y superaron la posible afrenta exigiéndome que los invitara a algunas rondas más puesto que yo les llevaba tanta ventaja. Por supuesto acepté encantado. Aunque aún no sabía lo  que me esperaba.

Después de hacer “el paseo” y regresar a casa al día siguiente, entre brumas vi que la luz de trabajo de la forja estaba encendida. Recuerdo que pensé: “¡que pronto está trabajando mi tío!” Yo iba directo hacia la gran casa, cuando se abrió la puerta del taller y una bocanada de luz se desparramó por el patio. Junto con esta luz la grave voz de mi tío con una furia contenida me dijo:

—¿Dónde crees que vas?

Me paré en el acto y sentí temor, vergüenza y pena por haber decepcionado, quizá, a mi querido pariente. Esperé lo más recto que pude alguna que otra palabra u orden durante segundos que me parecieron milenios… Al cabo exclamé:

—Pensaba ir a dormir un rato, tío. Hasta el amanecer. Después de este pequeño descanso, podré venir a la forja y ayudarte con mayor eficiencia.

Si los segundos anteriores me parecieron milenios, los posteriores a mi explicación me parecieron Edades enteras. Me fui girando poco a poco; no quería ampliar mi humillación y la de mi tío cayéndome al suelo mientras ejecutaba esta simple maniobra que a mí en ese momento me parecía una de las más grandes proezas que ningún Héroe de la Antigüedad pudiera llevar a cabo. Además este lento movimiento me ayudó a acostumbrar mis ojos a ese caudal de luz que salía de la forja, que se me antojaba la mismísima guarida de un dragón. Estaba tan impactado por esa imagen que casi no escucho a mi tío decirme:

—No. No vas a ir a dormir. Vas a trabajar sin descanso en TU LUGAR, la forja construida por TU GENTE, esa misma gente que esta noche HAS INSULTADO. La gente representada por nuestro Rey Trháin o por su representante Thorin “Escudo de Roble”. Eres muy joven pero eso no te exime de tu culpa, igual que tampoco es excusa el alcohol ingerido.

—Vas a endurecer  tus músculos y mente hora sí hora también trabajando en el noble arte de la Herrería. Si ya sé que tú querías probar la minería, ¿verdad? Pues con lo que ha ocurrido esta noche ni lo sueñes en mucho tiempo. Y aquello que alguna vez comentaste de poder dedicarte a entrenarte y ejercer de escolta, mucho menos. Así que al menos durante unos años no harás nada de lo que nos podamos arrepentir.

—Ahora. ¡Ven! Ponte los guantes y agarra las tenazas que están en la forja. ¡Tenemos mucho trabajo!

Efectivamente, obedecí. Mi tío era un enano muy mayor y con unas malas pulgas terribles si consideraba que tenía que impartir justicia en su Casa. Ante esto y sabiendo yo que había infringido más de una tradición esa misma noche, atravesé el patio iluminado y entré en la Forja.

Sí. Imagináis bien. “La Compañía de los Imberbes” tardó un tiempo en estar completa y seguir haciendo correrías. Pero el tiempo que estuve casi enclaustrado en la herrería me sirvió para templar mi alma, para aprender en la creación de objetos y armas y para saber que la prudencia es un gran valor. Por suerte el castigo “sólo” duró 7 años. Tiempo ese que sirvió también para verme a escondidas con mis amigos y con Báli el Loco.

Estas charlas clandestinas son, quizá, para relatarlas en otro momento. Así que… ¡Hasta bien pronto mis estimados amigos!

domingo, 12 de junio de 2011

“La Compañía de los Imberbes”.


¿Por dónde iba? ¡Ah sí! Después de estas pinceladas de nuestra historia os voy a explicar cosas sobre mí, que seguramente os interesen menos, pero que son el motivo de nuestras reuniones.

Estos años que pasaron hasta la pérdida del rey fueron de prosperidad como os he contado y de reorganización. Durante este tiempo fueron llegando enanos de todos los rincones de Eriador que vagabundeaban desde la caída de Erebor y que fueron acercándose a los palacios de Thráin.

Con el aumento de población llegaron también gentes extrañas y excéntricas que de tanto en tanto se acomodaban en las posadas de nuestro pueblo. Uno de ellos fue Báli “El loco”, creo de todos el más peculiar. Un enano anciano, el más anciano del que nadie haya tenido noticias, si exceptuamos a Durín “El Immortal” el primero de los 7 Padres de Nuestro Pueblo.

Quizá por ser tan anciano o por los muchos golpes que se había llevado en su larga vida había perdido casi completamente la razón. Desde que llegó una noche de invierno se acomodó en la posada “El reposo del Herrero” de Olro hijo de Oín, la mejor de las 7 que tenía el pueblo. “Loco sí, pero no tonto” se decía a sí mismo y a quién quisiera escucharle sobre su elección. A cambio de alojamiento y comida y de alguna moneda de algún parroquiano explicaba increíbles historias que hacían las delicias de chiquillos como yo. Al poco de llegar, y sin que su fama de excéntrico aún fuera de dominio público, lo conocí.

Fue justo la noche “Del primer paseo”, la noche que yo cumplía 49 años, donde se celebraba el rito de paso de la infancia a la juventud y dónde se hacía oficial mi primera visita a una taberna, en este caso la de Olro. Después del rito, al cual consiguió invitar mi tío al mismísimo Guardián del Tesoro, al hijo del rey, un grupo de amigos con Fralin a la cabeza por ser el mayor, nos dirigimos a la posada que por fin podría visitar sin tener que esconderme. Con nosotros venía también Dain, el “Bonachón” (¿os suena?) ¡Un gigante de casi 168 cm de altura! Y con una fuerza tan grande como su corazón. Venía también su primo Nain y un amigo de éste Furin. ¡Ninguno pasábamos los 60 años!

Íbamos todos locos de contentos porque ya por fin TODOS podíamos comenzar a labrarnos nuestro futuro. Este era el primer paso para nuestra emancipación, para conseguir vivir nuestras propias vidas y conseguir nuestra propia riqueza. Nuestra amistad esa noche se forjó y a partir de ese momento creció y nos llevó a correr las aventuras que todos vosotros iréis conociendo.

Como os digo entramos en la posada y lo primero que hicieron ese grupo de furias desatadas que tenía como amigos, fue pedirme una “Altura”. Sí. Veo cómo reís. Supongo que muchos de vosotros, por no decir todos, habréis pasado por ello. “Las tradiciones son para perpetuarlas”, otra máxima de mi tío a la que siempre he hecho caso.

Bueno, pues cuando ya tenía mi “altura” frente a mí me dediqué a dar cuenta de ella ante los gritos de apoyo de mis compinches. Beber el equivalente a tu altura en una torre de jarras de cerveza es una proeza que ni aún un adulto enano puede soportar hasta el final. Aquí, creo, fue dónde empecé a ganarme mi apodo. Tomé una tras otra las 36 jarras, casi 12 litros de ese líquido tan sabroso y entre la bruma del alcohol fui, tambaleándome, al lado del viejo Bali.

Mientras mis congéneres daban cuenta de sus propias consumiciones yo estuve escuchando lo que me decía el anciano. No sé si fui preso de un hechizo y quién me hablaba no era un enano sino un poderoso mago o la cerveza, cosa más probable, exacerbó mi imaginación y vi con una claridad increíble los hechos que me contó y la historia, a pesar del alcohol, quedó prendada en mí.

Me habló de minas y tesoros, de guerras antiguas, de reyes enterrados hacía más de 6 mil años. Me habló de tragedias del final de la Primera Edad del Mundo. Historias que eran leyendas y que había estudiado en su momento, pero que casi había olvidado porque me centré en estudios más útiles para la vida cotidiana. Pero allí estaba yo escuchando cantos antiguos, muy antiguos, sobre las ciudades perdidas de Nogrod y Belegost. Y sobre “El Tesoro del Rey Azaghâl”.

Sólo escuchar el nombre del antiguo rey me hizo ver imágenes de la “Batalla de la Lágrimas Innumerables”, la batalla en que los ejércitos de los elfos, enanos y hombres fueron derrotados por las hordas de orcos de Morgoth. Como bien sabéis queridos amigos el rey enano y su hueste se enfrentaron al Padre de los Dragones Antiguos, a Glaurung, infringiéndole tales heridas que el gusano huyó de la batalla, lo que ayudó en el transcurso de ésta. El soberano, a pesar de herir al dragón, cayó muerto en este combate. Su hueste se retiró con su cadáver de la lucha y se dirigieron a su ciudad, en las Montañas Azules.

Todas estas imágenes, que a cualquier enano llenan de orgullo, a mí me produjeron además una euforia que no he sabido nunca qué fue lo que la ocasionó. Ésta me llevó a hacer una de las mayores estupideces que nadie de nuestro pueblo puede hacer jamás, sólo disculpada en parte por el alcohol ingerido. En ese momento me levanté y grité a pleno pulmón como delante de un auditorio entregado:

 —¡¡¡Juro por Mahal el Creador, que no cejaré hasta encontrar y rendir pleitesía la tumba del Rey Azaghâl, el más dignísimo soberano de las 7 Tribus!!!

Al instante de haber exclamado esta barbaridad me di cuenta que en toda la posada se habían acallado las risas, las canciones, los bailes y todo el mundo se había girado con caras que iban del estupor a la rabia en todas las gradaciones posibles.

Mientras sopesaba qué diantres me había llevado a hacer esto, Fralin a grito pelado dijo: 

—¡Ronda Gratis! ¡La “Compañía de los Imberbes” invita a todos los parroquianos a  toda la cerveza que sean capaces de tragar! ¡Barra libre para todos!

Así fue como quedamos bautizados estos jovencísimos muchachos que éramos en ese momento y que no hacían más que salir del cascarón, pero que a pesar de ello fuimos rápidamente conocidos por hechos que fueron el asombro de todos.

¡Ah! Veo que a algunos de vosotros os suena este apelativo. A los que no, no os preocupéis porque sabréis más de ellos, de nosotros, pero eso será otro día.

viernes, 10 de junio de 2011

Paz y prosperidad.


Nos encontramos de nuevo al calor de mi hogar. Me llena de orgullo y satisfacción…. ¿Cómo? ¿Qué decís maese Marce? ¿Por qué reís? ¿Qué os ha recordado a quién? ¡Bah! ¡Estáis de guasa! En fin, queridos amigos, no hagáis caso a este escriba que más parece un bufón que otra cosa.

¿Habéis podido estudiar el mapa que os enseñé ayer? Espero que sí. Sino guardadlo en la memoria porque iré hablando de lugares que sin esa ayuda es posible que no localicéis, sobretodo aquellos que aún no os movéis con soltura en estas tierras que han dado en llamar Tierra Media.

Bien. Os contaba que nací en Zirak-Dûm, asentamiento enano a los pies de las estribaciones sur de las montañas de Forlindon, cerca de la ciudad de los elfos de Los Puertos Grises. Este lugar que al poco de nacer yo no eran más que cuatro casas construidas al estilo de los hombres, al poco de llegar nuestro señor Thráin,  creció y prosperó hasta albergar a unas 777 almas robustas enanas. ¿Qué? ¿Que cómo sé que éramos ese número? Bueno, la verdad es que no lo sé, pero como sabéis el “7” es nuestro Número Sagrado: 7 fueron los Padres de los Enanos que creó Mahal, 7 las Tribus que después crecieron en torno a ellos, 7 son el Consejo de los Viejos Guardias Místicos. Nuestras unidades militares se organizan en torno al 7 y sus múltiplos; si un pico se te rompe al extraer carbón “tienes 7 años de mala suerte”, si consigues encontrar una veta de plata “que 7 años 7 veces te dure tu buena suerte”, y muchos más, ¿no es cierto? ¡A ver! ¿Cuántos refranes sabéis o imagináis vosotros? ¡Venga! OS RETO A VER CUÁNTOS REFRANES O DICHOS ENANOS SABÉIS O IMAGINÁIS (eso me da igual). Espero ver alguno de ellos en MISIVAS dirigidas a mí. ¡Vamos! Queridos hermanos y hermanas. Enviad a este vuestro servidor algún mensaje para ver si conocéis o intuís nuestra forma de pensar. Os estaré muy agradecido.

Vuelvo al relato:

Cómo os decía llegamos a ser pronto un pueblo de enanos con todos los servicios necesarios para albergar una pequeña corte, que sirviera al Consejo y a nuestro rey. Pero no os penséis que se dedicaron a holgazanear, no. Ellos, como cualquiera de los habitantes del pueblo, tenían su propio taller, forja o explotación minera, lo que contribuía a acrecentar nuestra riqueza y poderío, aunque no fue suficiente para apaciguar el espíritu del soberano, ni su deseo de reconquistar Erebor y de volver a sus salones llenos de riquezas. Según me contaron más tarde el rey se despertaba en sueños gritando y pidiendo ayuda unas noches y enarbolando su maza en contra de algún dragón que le acechaba en sueños otras. También explicaron que no estaba contento y que a pesar de la prosperidad que íbamos consiguiendo, él pensaba que eran migajas y que no era lo que por derecho le pertenecía a sí mismo y a su pueblo. Se tornó más avaro y codicioso, controlaba hasta la última moneda de cobre que entraba en sus arcas y por último dicen que poco antes de su partida no salía de su cámara del tesoro y miraba y remiraba imágenes de la montaña y mapas dónde trazaba los planes de conquista y derrota de Smaug.


La preocupación fue creciendo en todos los habitantes de Zirak-Dûm, porque cada vez veían menos a su rey o lo encontraban taciturno y enfurecido.

Finalmente en la primavera de 2841 el Rey en el Exilio Thráin partió con un grupo de fieles hacia un lugar, que más tarde supimos era la Montaña Solitaria. Thorin “Escudo de Roble”, su hijo, quedó como Guardián del Tesoro y jefe del Consejo, siendo ello equivalente a una regencia mientras el rey se ausentara.

Como ya os dije y sabréis por nuestra Historia, al cabo de unos meses una noche aciaga el rey desapareció en el Bosque Negro y nunca más se lo volvió a ver. Supimos después que le dieron tormento y fue muerto en los calabozos de Dol Guldur, siendo su dueño aún Sauron, ¡su nombre sea maldito 7 veces!

A partir de la desaparición del rey gobernó su hijo Thorin, con el firme propósito de algún día vengar a sus padres y recuperar Erebor. Toda su aventura se narra en otro lugar, como todos sabéis, que es de obligada lectura si queréis saber más de nuestro pueblo y de esos hombrecitos que son los medianos. Nada más diré aquí. Os  remito a las fuentes.

¡Caramba maese! ¿Decís que tenéis hambre? ¿Cómo es posible? ¿Vos querido amigo? Bien. Dejaremos nuestro relato un tiempo para preparar y degustar unas ricas viandas con nuestros invitados. No. No os vayáis muy lejos puesto que nuestra historia continúa.

martes, 7 de junio de 2011

Tierras y Pueblos del Noroeste de la Tierra Media.

¡De nuevo os saludo mis queridísimos amigos!

Llevo horas queriendo volver a reunirme con vosotros pero quehaceres que no podía dejar de atender me han llevado a retrasarme un tanto en esta nuestra cita. De todas maneras.... Siento que poco a poco nos vamos conociendo, nos vamos hablando ¡qué locura! ¿Verdad? No sé. Quizá sea el abriros mi casa de par en par lo que hace que me sienta feliz cada vez que hablo con vosotros. Bueno maese Marce, sí ya sé que estamos aquí para algo y que el tiempo pasa, pero estoy en un momento de felicidad que quiero expresar a todos estos buenos amigos que entran cada dia en mi hogar, nuestro hogar.

Bien. Es cierto que no estoy acostumbrado a emocionarme de esta manera. Esto es algo propio de elfos delicados, modositos y errados, no de un ¡Khazad, un enano! Que como todos mis hermanos somos ¡rudos, descarados y acertados!

Vuelvo a irme por las ramas y no voy al tema de lo que quiero hablaros mis jóvenes conciudadanos. Antes de entrar en las aventuras que este pobre servidor vuestro ha vivido, maese Marce me ha dicho que os muestre un mapa de esta tierras, de esta parte del Mundo. Dándole las vueltas que merece (jamás te precipites fue uno de los buenos consejos que me dió mi tío Frenrir) he ido a la Chancillería y he pedido un mapa. Sí. Como podéis ver éste que os habla tiene los contactos suficientes para poder obtener este pergamino de la Sala de Los Mapas, gracias a la amabilidad de su cartógrafo principal "El Fenómeno". Con ello espero que todos aquellos que no hayan salido aún de la Montaña Solitaria se podrán hacer una idea de lo grande que es el mundo y a medida que sepáis más de mis aventuras podréis visitar esos sitios maravillosos.

Bien. Acercaos, acercaos. Sin miedo, sin verguenza. Observad la silueta del norte de la Tierra Media, la Tierra de los Hombres la llevan llamando desde hace unos años, desde que el joven Elessar se coronó en la Ciudad de Minas Tirith hace ahora... ¿cuánto maese? A ver. Sí hace 77 años. Sí ciertamente cada año que pasa es más su mundo, el de los humanos... Los elfos se están marchando, nosotros estamos también en una serena decadencia que poco a poco nos irá arrinconando a un lado de la trama del Tiempo.

¡En fin! ¡Basta de lamentaciones! Nos queda mucho tiempo aún que seguir trabajando, comerciando y guerreando si hace falta en esta tierra. Bueno... ¿Veis el mapa? ¿Podéis identificar dónde nos encontramos? Si no lo véis bien, podeis vosotros mismos buscarlo en casa del copista Google, un mediano de lo más extraño pero que te consigue casi de todo. Seguramente os podrá enseñar otros mapas, pero no serán tan detallados como éste que os muestro.

¡Mahal me confunda! Hoy estoy especialmente locuaz, ¿no es así? Algo tienen que ver desde luego las pintas que he degustado en "El Orondo Bonachón". ¿Cómo? ¿Por las caras que veo deduzco que hay quién aún no ha catado el néctar que sirve Bonachón? En todo Erebor no hay mejores cervezas que las que consigue mercadear este truhan. Lo de "Orondo", esto... Ummmm. Consejo para los que vayáis por primera vez a su tugurio:

Ni se os ocurra. Repito. Ni se os ocurra llamarlo así. Es un apelativo que está destinado a ser usado por muy pocos. Sólo a gentes muy cercanas y después de mucho tiempo permite que alguien lo llame de esta manera. Otro día ya os explicaré cómo fue que acabó poniéndole semejante nombre a una taberna.

A ver. ¿Por dónde iba? Ah sí, el mapa. Estoy a la espera de la respuesta ¿sabéis dónde nos encontramos? ¿dónde vivimos?

Efectivamente. En la Montaña Solitaria, en Erebor. Al Este del Reino Unificado. En esta ciudad habitamos, aunque no siempre fue así. En este momento vivimos en paz y harmonía con los bárdidos, los hombres que viven en Valle, a los pies de nuesto monte. Son descendientes de Bardo "El Matador del Dragón". Más allá, en el Lago Largo, se encuentra Esgaroth, o Ciudad del Lago. Digo que no siempre fue así y si recordáis lo que os contaba ayer os decía que antes de regresar a esta montaña algunos de nosotros vivíamos en las Ered Luin, las Montañas Azules como las llaman los elfos. Fue allí dónde yo nací como os expliqué. ¿Las veis en el mapa? Están en el otro extremo de este reino, en el Oeste. Nosotros habitamos en mi infancia un pequeño asentamiento en un valle del sur de esa cordillera y al norte de los Puertos Grises, la ciudad élfica. El poblado de Zirak-Dûm.

¿Cómo he llegado hasta aquí más de 300 años más tarde ? Ufff ... Como veis es un larga historia que este vuestro servidor seguirá narrando si a vosotros mis queridos amigos os place.

lunes, 6 de junio de 2011

Las Montañas Azules

¡Buenas noches buenas gentes!

Ayer dejé mi relato en mis dudas de juventud sobre a qué dedicarme para ganarme el jornal, ¿no es cierto? Bien continuaré no obstante haciendo un poco de historia reciente. Después de hacer repaso de ella entraré en los pormenores de mis vivencias. Maese Marce estáis preparado, ¿sí? Perfecto, allá vamos.

Corría el año 2802 y nuestro rey Thráin se instaló cerca de nuestras estancias en las Montañas Azules. Con ello muchos enanos que vagaban por todo Eriador se fueron uniendo a él y a todos los que ya morábamos allí y nuestro asentamiento fue creciendo en población y en poder. La primera medida que el soberano tomó fue refundar en el exilio el Consejo de los 7 Viejos Guardias Místicos, verdadero órgano consultivo que desde la caída de Erebor no se había reunido. Una de las primeras deliberaciones que se llevó a cabo fue el envío de Embajadores a parlamentar con los elfos de Mithlond, de los Puertos Grises, bajo la égida de Cirdan el constructor de barcos. El rey quería establecer buenas relaciones para poder obtener tranquilidad, posibilidad de explotación de las minas de hierro de las Azules y clientes para nuestros herreros. El Hermoso Pueblo y sus líderes no se negaron y tuvimos durante unos años paz y prosperidad.

Con ello mi tío tuvo mucho más trabajo que antes y consiguió nuevos contratos y mejores beneficios. Este tiempo de bonanza coincidió con mi desarrollo completo gracias al arte de la forja y la herrería. Aprendí los rudimentos de ese noble arte de manos de mi propio tío, que además se daba mucha maña en hacerme aprender... Recuerdo como si fuera ayer cada equivocación, cada espada o cuchillo mal hecho, como si fueran los últimos de la Tierra en ser forjados. Así de severo era en su maestranza.

Como digo este tiempo de buenaventura fue felíz pero como tal efímero. Al cabo de sólo unos 40 años. El rey, torturado por el recuerdo de Erebor parte hacie el Este, hacia la Montaña Solitaria. Esa partida la hace con la vana esperanza de enfrentarse a Smaug y recuperar su ciudad y el tesoro que guardaba el Dragón Dorado. Desapareció sin dejar rastro. Lo buscaron durante días sin éxito y finalmente Thorin "Escudo de Roble" se convirtió en el nuevo Rey en el Exilio.

Bueno mis queridos amigos no os quiero aburrir con esta perorata sobre nuestos reyes y organización, pero considero que os debo enmarcar los hechos más importantes de esta Era para luego ir describiendo los pormenores de mi vida, que yo sigo considerando anécdotas sin importancia. Así que hasta mañana mis queridos hermanos silenciosos, dónde tendréis una porción más de mi Vida.

sábado, 4 de junio de 2011

¡Feliz Encuentro!

¡ Saludos! ¡Bienvenidos!

Grór "El Incansable" os recibe en esta su humilde morada. Adelante, adelante... entrad y sentáos, ponéos cómodos. En seguida comienzo mi relato, porque ¿habéis venido por ello, no es así ? ¿Queréis saber de mis aventuras, de los viajes y peligros a los que me he enfrentado, ¿verdad?... Bueno, sólo pido un poco de paciencia. Tened en cuenta que mi amanuense no irá tan deprisa como mi voz recogiendo en letras lo que os vaya explicando. Antes de nada he de estar seguro que el escriba tenga recado para escribir, bebida para que se haga más placentera esta velada y si hiciera falta comida para todos vosotros, mi silenciosa grey.

Sí. Todo está dispuesto. Podemos empezar. Maese Marce (creo que no me acostumbraré jamás a pronunciar ese extraño nombre), afilad vuestra pluma porque en cuanto arranco a explicar la historía de mi vida será difícil que me sigáis... Allá vamos sin más dilación:

Mi nombre es Grór hijo de Thrór "Costado de Hierro", Enano Incinerado. Nací el 2778 de la Tercera Edad de los Hombres en el octavo año de nuestro destierro en las "Ered Luin", tal y como llaman los elfos a las Montañas Azules. Allí tuvimos que refugiarnos después de que Smaug, el terror Dorado ¡¡¡¡Mahal lo confunda!!!, nos echara de los salones de Erebor, de la Montaña solitaria, hace tantos años ya....



Nací, como he dicho en el exlilio, dónde tuvimos que malvivir dedicándonos a la forja y la minería por un jornal que en muchas ocasiones no llegaba para nada. Allí crecí en contacto con otros de mi raza que como yo debían de poner sus brazos al servicio de hombres y elfos como forjadores, mineros o escoltas. Ninguno de nosotros jamás se arrepintió de tener una vida errante siempre y cuando fuera retribuida con justicia, pero como sabréis todos, en nuestros corazones moraba Erebor, la Montaña Sagrada.

Lo que no esperábamos era que el Hado Oscuro se cirniera todavía con más saña sobre nosotros sólo veinte años después de nuestra salida de la Montaña Solitaria. Siendo yo un tierno infante en el malhadado año de 2790, sucedó un hecho que transtornó la historia de mis gentes. El asesinato ignominioso de nuestro rey Trhór por el orco Azog. Esto desencadenó una de las más cruentas y largas guerras entre mi pueblo y los engendros de Morgoth. La guerra duró seis años y se luchó en cuevas y gargantas de las Montañas Nubladas por la Venganza de la muerte del anciano rey. Esta guerra acabó con la Batalla de Azanulbizar dónde mucha buena sangre enana se perdió para siempre, y dónde mis gentes consiguieron la victoria, lo que provocó que durante un tiempo los orcos no molestaran a los pueblos del norte. Pero.... esa gran victoria se pagó con un precio muy alto, muchos enanos cayeron en ella, entre ellos mi padre... Tantos fueron los que murieron que no pudieron ser enterrados como nuestros preceptos requieren y los Grandes Señores, con nuestro rey Thráin al frente, decidieron hacer unas grandes hogueras donde quemaron los cuerpos de esos nobles guerreros.

La noticía llegó a mi casa en poco tiempo y mi madre, la muy noble Freyya, entonó un lamento que pudo escucharse durante 7 días y 7 noches y después de ello no volvió nunca a hablar. Casi no lo recuerdo porque era muy pequeño aún, pero no pasó ni un año de lo de Azanulbizar cuando una noche mi madre se marchó. No dijo nada a nadie: ni a dónde iba, ni si la acompañaba alguien, ni tan siquiera si algún dia regresaría... La pérdida de mi padre la llenó de desesperanza que no la dejó vivir. ¡Que Mahal los tenga a los dos en su seno!

Mi madre sí dejó una nota dónde me encomendaba a mi tío Frenrir, un acaudalado herrero con gentes a su servicio que me acogió con cariño y rectitud y haciéndose el firme propósito de hacer de mí un enano hecho y derecho. Aunque eso nobles señores, lo dejo a su jucio a medida que escuchen mi relato.


En mis años mozos, hasta los 80 más menos, no sabía a qué dedicarme, cosa por otra parte de los más normal en un joven como yo. Por un lado estaba aprendiendo el oficio de herrero que a mi tío tanto gustaba, por otro me agradaba el espíritu aventurero en que se embarcaban otros señores de mi raza en viajes hasta la aldea de Bree o más allá, según contaban a su regreso en las tabernas junto a varias jarras de buena cerveza degustada. Por último también me atraía el poder algún día dedicarme al sagrado oficio de Minero, de lo que yo consideraba una de las ocupaciones más maravillosas: el extraer de las Venas de Mahal la sustancia misma de la Tierra.... Todo ello me atraía, me embriagaba y como un chiquillo que era no sabía por qué decantarme.

Bueno.... Veo que el escriba casi jadea de tan rápido como lo hago escribir.... Bien. Quizá debamos dejar por hoy mi relato. Sí. Mejor. Así seguiré desgranando mi historia sin hacer que los párpados os caigan y así buenas gentes paguéis el relato y mis viandas con la máxima atención.

¡Salud y hasta la próxima!