¡De nuevo ante vosotros para seguir relatando lo que aconteció hace tantos años! No me entretendré con más preámbulos.
Después de la noche en que celebramos la cena en casa, dónde la Compañía de los Imberbes obtuvo su primer encargo, cada uno de nosotros volvimos a nuestras ocupaciones por un tiempo. Mi trabajo en la forja me dejaba poco tiempo, como al resto de mis amigos sus ocupaciones, pero aún así nos fuimos viendo en varias ocasiones para poder avanzar en los preparativos. Decidimos que marcharíamos al día siguiente del día de Mahal, el séptimo del séptimo mes. Cuando se lo comuniqué a mi tío. Le pareció bien y me dijo que enviaría alguna misiva al señor Elendur para que supiera que su espada le sería entregada en unos meses.
Ante su aprobación, como digo, seguimos preparando el viaje en nuestros ratos de ocio.
Hicimos acopio de material para la ruta: ropas de viaje, sacos de dormir, alguna antorcha, cuerdas, yesca y pedernal, todo lo necesario para poder partir exceptuando los alimentos que los cogeríamos el mismo día de la partida. Todo ello lo almacenamos en mi casa. Allí guardamos el material el común. El personal cada uno lo traería cuando emprendiéramos la marcha.
Con dinero que habíamos ahorrado decidimos comprar algún mapa para poder orientarnos en nuestro viaje. Lo empezamos a estudiar y decidimos que partiríamos por el camino del Este hasta la aldea de Bree y una vez allí veríamos si tomaríamos dirección sur hacia Tharbad o bien pasaríamos las Montañas Nubladas y del lado Este de la cordillera descenderíamos hacia Minas Tirith. Las posturas estaban divididas y unos queríamos ir hacia el sur lo antes posible y otros pasar las montañas y estar lo más cerca posible de Khazad-Dûm, la gran ciudad de los enanos de nuestro linaje abandonada desde hacía casi mil años. Al final y después de una larga discusión, decidimos que en Bree y según nos fuera en el camino hasta ese momento acabaríamos de decidir cuál sería nuestra decisión definitiva. En esto sí estuvimos de acuerdo.
Unos días más tarde me enteré por mi tío que un grupo de enanos de las Colinas de Hierro partiría hacia el este, hacia su hogar, en la misma fecha que nosotros. Así que podía ser más fácil parte del viaje si nos permitían caminar con ellos. Quedamos encargados Frálin y yo en ir a hablar con su líder, Glûn “Mano de Piedra”, hijo de Gloin, un enorme picapedrero y maestro constructor, que vino con sus hombres hacía ya unos 20 años para construir la Morada del Rey y otros edificios gubernamentales y comunales. Acabado su trabajo volvían con sus familias a su tierra, las colonias mineras de las Colinas de Hierro, muy al este, más allá de Erebor.
Al día siguiente fuimos a los cuarteles de la guardia, donde estarían alojados hasta que marcharan el grupo de constructores. Nos dimos a conocer y pedimos que llamaran al maestro.
Al cabo de unos diez minutos llegaba un enano mayor con el pelo y la barba encanecidos por la edad y el duro trabajo de la piedra. A pesar de ello su presencia destilaba poderío y fuerza, daba la impresión de que era tan sólido como el propio material que trabajaba. Antes de que pudiéramos casi presentarnos habló con la serenidad y la premura que hablan las personas que ultiman los preparativos para realizar una expedición:
—¡Saludos jóvenes amigos! ¿Qué se os ofrece?
—¡Mi señor Glûn!—exclamé mientras Frálin miraba expectante.— Nos ha llegado que próximamente partís con un grupo de vuestros enanos hacia el este, ¿es así?
—Es cierto. Al día siguiente del Día de Mahal partiremos hacia las Colinas de Hierro, nuestro hogar. ¿Se os ofrece algo?
—Habíamos pensado que podríamos compartir parte del viaje nuestras humildes personas y tres amigos más, si a usted y a su compañía no les molesta. —Esta vez fue Frálin quien habló.
—¿Vuestros tres amigos son tan jóvenes como vosotros?
—Sí. Más o menos de nuestra edad, pero tanto ellos como nosotros estamos lo suficientemente preparados para poder salir en expedición. —Dije con un tono un poco encendido. Estaba un poco harto de que nuestra juventud fuera motivo de mofa casi constante.
—Lo de la preparación se verá. Sin conoceros no os voy a juzgar, pero lo que está claro es que es vuestra primera expedición y eso siempre se nota. Os advierto que si no sois capaces de seguir el ritmo de un grupo de veteranos, no os esperaremos. Vamos a ir muy deprisa. No queremos que las primeras nevadas nos cierren los pasos de las montañas, así que esta es mi única condición. Si seguís el ritmo seréis parte de mi compañía, sino tendréis que apañároslas. ¿Entendido?
—¡Claramente! —Dije yo.
—Ningún problema—respondió Frálin.
—Otra cosa para acabar. Si hay dificultades espero que no os tiemble el pulso a la hora de luchar. En el camino es difícil que un grupo de enanos sea asaltado, pero en un vivac podríamos ser atacados y espero que sepáis defenderos y que no os amedrentéis a las primeras de cambio. Por otro lado, si hay posibilidad de botín os quedaréis lo que consigáis excepto el diez por ciento que lo entregaréis en concepto de gastos de manutención. ¿Estáis de acuerdo? —Diciendo esto nos tendió su enorme mano encallecida por el duro trabajo.
Respondimos los dos afirmativamente estrechándosela y quedamos que el día de Mahal nos presentaríamos ante él para acabar de ultimar los detalles sobre el momento de la partida.
Los días iban pasando lentamente, más de lo que yo hubiera deseado pero el tiempo inexorable nos acercaba a la jornada de nuestra marcha.
Como digo el tiempo es inexorable incluso hasta para quien relata esta historia y me obliga a hacer un alto en el camino de mi relato. Espero teneros a todos conmigo la próxima ocasión.
Otra noche con la sensación de haber leído unos buenos párrafos que me permitirán conciliar el sueño.
ResponderEliminarMuchas gracias Gróg y Maese Marce por tal grata lectura ;)
Por los pelos de barbaroja! Después de unos días de pirateo por el mar mediterráneo vuelvo a poder leer vuestro intrigante relato. Ya lo echaba de menos :-)
ResponderEliminarUn abrazo maestro, sigo siendo todo oídos!
¡¡Saludos muy queridos y FIELES compañeros!!
ResponderEliminarMe congratulo de poder dirigirme a vosotros, desde la montaña donde reparo mis energías tan gastadas.
Veo que os sigue agradando mi conversación, y por ello en breve tendréis una nueva porción (tan grande casi como vos señor Kikito) para solazaros en vuestras horas de asueto, si es eso lo que sentís, que a mi me consta.
¡¡Sin más me despido de vuesas mercedes hasta la próxima ocasión!!