¡Estimados! Gracias por la paciencia. Sigo con mi historia:
Nos encontrábamos cómodamente sentados en la sala de estar de la casa de mi tío, después de la cena tan magnífica que habíamos podido disfrutar y a la espera de que Frenrir, por fin, nos dijera para qué nos había reunido.
Mi tío había dispuesto en la mesa central de la habitación una nueva botella de hidromiel y en otra más pequeña, de servicio que había al lado, el barrilete de tabaco que había seleccionado unas horas antes. El barril estaba abierto y dejaba escapar un aroma excelente de hierba para pipa. Al lado había 5 pipas nuevas que nos invitó a coger. Eso hicimos y empezamos a cargar las cazoletas, mientras él encendía ya la suya y después de la primera bocanada nos dijo:
—¡La Compañía de los Imberbes! Juro que este nombre aparte de que os define claramente me gusta cada vez más. Sí, lo admito. Pues con este nombre o con cualquier otro que tuvierais, os he reunido en mi casa para proponeros algo a todos, a la compañía entera. El encargo será para el grupo completo. Si alguno no quiere participar, demostrará que la compañía era más un nombre que una realidad.
En este momento miré a Frálin y Náin y después a mi tío y no atisbé ningún gesto que me hiciera sospechar que sus rencillas hubieran sido evidentes para él, aunque con su perspicacia era posible que ese detalle no se le escapase. Mi tío prosiguió con su discurso:
—El motivo por el cual os he reunido aquí es para ofreceros un encargo, un trabajo. La posibilidad que vuestra compañía comience a ganar nombre y vosotros unos honorarios que, desde luego, no serán cortos. ¿Qué decís? ¿Sorprendidos? No tenéis por qué. A medida que maduráis vais ganando experiencia y creo que podréis realizar esta empresa que os propongo con éxito para todos, aunque no esté exenta de ciertos riesgos como veréis.
Sabía que lo que nos quería proponer sería algún tipo de misión, pero no esperaba que fuera una empresa comercial. La perspectiva, de entrada, me gustó y por lo que había sucedido esa misma mañana imaginé cuál iba a ser el trabajo. De todas formas decidí esperar a que mi tío siguiera explicando y mientras lo hacía, miré como se iban depositando en mis amigos las palabras de Frenrir y me pareció ver que en la mayoría había cierta satisfacción y deseo de saber más. Esto lo advertí sobretodo en Náin y Dáin. Los dos estaban ávidos por poder dejar sus nombres escritos en empresas, cuanto más difíciles mejor, que les dieran la fama que ellos querían alcanzar. Frálin estaba expectante. No pude entrever si era remiso o estaba también animado. Furin era el único que mostraba claramente su poca predisposición y así habló:
—¡Mi señor! En mi caso me hace muy feliz el que nos tenga en tan alta estima como para encargarnos una misión o empresa que no dudo será muy provechosa para todos nosotros, pero como le he explicado durante la cena, en mi casa me necesitan para poder llevar a cabo los trabajos que son urgentes en la mina y no podré participar en esta empresa. ¡Créame que lo siento!
—Furin, hijo de Fundin. No temas. Esta misión no se debe realizar al salir de esta casa ni mucho menos. Es un trabajo que os llevará un tiempo preparar y que si al resto no les parece mal se puede posponer hasta que tú dispongas de tiempo libre.
El resto asentimos. Frálin añadió la pregunta que todos teníamos en mente:
—Mi señor Frenrir, ¿cuál es exactamente el encargo? Nos ayudará a decidir saber con más detalle qué es lo que nos ofrecéis.
—¡Hijo! Hablas con inteligencia. A veces peco en exceso de misterio. El encargo es…—mientras dejaba en el aire la frase se levantó y fue hasta un armario que tenía la habitación y de uno de los cajones más grandes sacó el estuche de madera con el barco y las siete estrellas.
—Lo que os pido es que llevéis esta maravilla a la persona que me la encargó. Tanto el señor Elendur de Fanuilond, como yo mismo os recompensaremos si lleváis este buen acero hasta su casa.
Mi tío abrió el estuche y nos mostró la espada que habíamos forjado para que la observaran mis amigos. Las exclamaciones de aprobación se mezclaron con la sorpresa por el encargo. Fue de nuevo Frálin quién habló:
—¡Nos abrumáis mi señor! ¿Creéis que somos dignos de este encargo? Esta espada es sin duda un arma de gran valor y quizá nuestra humilde compañía no sea merecedora de tan alto honor.
—¡Tonterías! Podemos llevar este objeto hasta ese gran señor. Pero, si tú no tienes arrestos suficientes para participar en esta empresa no hables en nombre del resto. Aquí hay enanos valerosos que están deseosos de demostrar su valía, ¿no es así Bonachón? ¿Tú qué opinas Grór? No has dicho nada aún—Replicó Náin.
—Debemos pensarlo bien. En eso tiene razón Frálin. Aunque no creo que lo diga por falta de valor, sino por no decidir a la ligera y sin tener toda la información—Percibí en ese momento cierto asentimiento en el prudente Frálin.
—De todas formas tío, algo así me esperaba desde esta mañana por lo que no me pilla tan por sorpresa como a mis amigos tu oferta—Me fijé en el resto de compinches y continué: “Sabéis de mis ganas de viajar, de ver otras tierras, por lo tanto. Mi decisión es, no puede ser de otra manera, afirmativa. ¡Me embarco en esta aventura!”
—¡Yo también participaré! —Se añadió raudo Náin.
—¡Lo mismo digo! —Esta vez fue Dáin.
—A mí también me interesa. ¡Cómo no! Siempre y cuando me deis un tiempo para poder dejar los trabajos dónde soy necesario en la mina de mi padre.
—¿Cuánto tiempo necesitarás? —Preguntó Frálin.
—Unas dos o tres semanas. Una vez hechos los pozos y hayamos sacado la tierra y rocas suficientes para poder trabajar en horizontal, creo que mi padre no tendrá inconveniente en que parta en esta misión.
—Siendo así y estando mis cuatro compañeros enrolados, alguien debe poner un poco de prudencia e inteligencia en esta empresa. ¡Contad conmigo mi señor Frenrir!—Exclamó Frálin, lo que nos llenó a todos de satisfacción, puesto que los cinco podríamos partir hacia el sur.
—¡Bien! Por lo tanto la Compañía de los Imberbes podrá partir con todos sus miembros para realizar el encargo que os he hecho. ¡Perfecto! No debéis preocuparos por el equipo ni por la manutención. Eso corre de mi cuenta. En cuanto a la recompensa ya hablaremos en el momento de vuestra partida. Debo deciros que esta espada es un objeto valioso y que está destinada al que será su legítimo dueño, el señor Elendur. A ningún otro, aunque os quiera ofrecer mucho más, se debe librar. Mi palabra está empeñada en su entrega. ¿Entendido?
Todos respondimos afirmativamente.
—¡Muy bien! ¿Tenéis alguna pregunta?—Esperó y al ver que no había ninguna continuó—Pues si no es así podemos dar por zanjado el asunto. Furin, cuando estés cerca de terminar tu trabajo y si a tu padre no le parece mal que partas hacia el sur, nos avisas y mantendremos una segunda reunión aquí para ultimar detalles. ¿Os parece bien?
De nuevo la respuesta fue positiva.
—Entonces si no se os ofrece nada más me retiro. Grór. Podéis estar un rato más. Rognar estará a tu disposición, pero si no lo necesitas déjale retirarse. ¡Lo dicho! Buenas noches.
—¡Buenas noches! Respondimos mientras mi pariente se encaminaba a sus habitaciones.
Nos quedamos un buen rato más disfrutando de la camaradería y del buen tabaco y mejor hidromiel de mi tío, hasta bien entrada la noche. Durante la conversación que siguió esbozamos un plan de ruta y una lista de material mínimo necesario para tan largo viaje.
Debo dejaros de nuevo amigos míos. Me entristece pero bien pronto volveré con otra porción más de esta mi historia, nuestra historia.
Muchas gracias de nuevo por aportarme un poco de buen relato antes de irme a dormir.
ResponderEliminar¡No se han de dar! O quizás sí. Os debo yo dar las gracias a vos y al resto de amigos y amigas que seguís mi relato de forma tan generosa. En breve tendréis una porción más.
ResponderEliminar¡¡Gracias de nuevo, gran Kikito de la Calzada!!
Grór hijo de Thrór.
Pero bueno ,esto que es, me voy de viaje a tierras lejanas y al volver, necesitare varias velas para leer todo esto
ResponderEliminarMi alago por vuestra profusa pluma.
¡Qué decir maese Xavi! Aquí, el que no corre vuela. Así tendréis más cosas que leer. Jajajaja.
ResponderEliminar¿Dónde habéis estado? Me ha llegado que vuestro viaje deja en nada la mejor de las cabalgatas de cualquier rohir. ¿Es cierto? Explicad, explicad vos también. Siempre son de agradecer historias nuevas, os lo dice este viejo, lento pero viajero enano, ¡siempre a vuestro servicio!
Grór hijo de Thrór.