De
nuevo nos encontramos, mis queridos amigos. ¿Estáis bien? ¡Me alegro! Yo estoy
muy feliz por sentir vuestra presencia, aquí en mi casa, noche tras noche.
Realmente me llena de regocijo que a gentes como vuestras mercedes les pueda
interesar la historia de mi vida. Como es por eso por lo que venís, para
escuchar mi relato, no me demoro más y seguiré contando donde lo dejé la noche
anterior.
Pero
primero debo hacer una concesión a este pesado amanuense que es maese Marce. Me
ha insistido mucho para que antes de seguir con mi relato, haga mención a un
viejo profesor que dice conocer a través de sus libros e historias. Un profesor
que, por lo que parece, debe de ser muy importante en su vida, aunque no me ha
querido explicar mucho más que lo que aquí os digo. Fue (por lo visto ya murió)
un erudito sin igual y un gran narrador o, por lo menos a nuestro amigo común
así le parece. De hecho no ha traído consigo ningún libro o legajo que yo pueda
leer, ni se atreve a contarme alguno de sus innumerables cuentos y relatos, con
la excusa baladí de que no haría honor a tan gran obra con semejante
contador. Modestia excesiva por parte de nuestro cronista, me parece a mí. ¿No
creéis amigos míos? En fin, finalmente me dejo llevar por el amor que le tiene este
escriba tan peculiar, que sigue afincado en mi humilde morada, a ese profesor que yo no tengo el gusto de conocer. Así que no tengo
más remedio que alzar mi copa. ¡Mahal bendito! ¡Disculpad! ¡Qué error más
imperdonable! ¡Servíos, servíos, amigos míos! ¡No hay cuidado! Disfrutad de
esta espumosa cerveza que mi querido compadre Bonachón nos sigue sirviendo para
nuestras nocturnas reuniones. Adelante, servíos y brindad con nosotros. ¿Cómo
era maese? ¡Sí! Ya recuerdo. Alzo mi jarra por el Profesor JRR Tolkien, maestro
entre maestros y Creador de Mundos. ¿Así está bien, estimado escriba? ¿Sí? ¿Os
ha parecido que el brindis está a la altura de tan idolatrado personaje? Bien.
Por cierto, ¿cuál es el motivo del homenaje? Ah, ¿por ser hoy la efeméride de
su nacimiento? Y ¿cuántos años alcanzó? ¿81? ¿Sólo? ¡Ah! Disculpad maese, a
veces no recuerdo que los hombres comunes como vos y este profesor no alcanzan
la edad de los dunedain y mucho menos la longevidad que nosotros, los enanos,
podemos llegar a disfrutar. Parece que fue una larga y provechosa vida la que
tuvo este narrador, por lo que decís. Lo celebro y alzo de nuevo mi jarra por
él y por vos, querido amigo.
¿Estáis
satisfecho, mi buen cronista? Entonces si no os parece mal seguiré contando mi
aventura, que es por lo que nuestros acompañantes han venido, ¿verdad?
La
historia continua al mediodía de la primera jornada de nuestro viaje...
¡Sí! ¡Está bien! ¡De nuevo tenéis razón amigo mío! Sigo tu consejo.
Cómo dice este pesado escriba voy a dejaros ojear
antes el mapa que pude mostraros hace unas jornadas, para que podáis situar los
lugares que vaya nombrando en toda mi larga explicación. ¿Os parece bien?
Perfecto. Aquí lo tenéis. Lo podéis consultar cuanto queráis. No tengo prisa.
Si
lo observáis con atención, podréis ver que el viaje que teníamos que hacer era
de veras de largo recorrido. Partimos de las Montañas Azules para atravesar
todo el Noroeste de la Tierra Media, para llegar a las cálidas aguas de la
Bahía de Balar, más al sur de Minas Tirith, la capital del reino de Gondor. Creo
que así será más fácil que sigáis todo el periplo. ¿Se me olvida algo maese?
¡Ah! Sí. Tenéis razón mi buen Marce. Como me dice este amanuense que es el
verdadero artífice de que esté todas estas noches explicándoos mi azarosa vida,
si tenéis alguna duda sobre el mapa o sobre por dónde nos movimos por aquellos
lugares en mi lejana juventud, solo tenéis que preguntar o enviar alguna
misiva, así, raudo, responderé a vuestras cuestiones. ¿Ya? ¿Estás contento
maese Marce? ¿He dicho todo lo que tenía que decir? En fin. A veces este
cronista se vuelve de lo más pesado, ¡creedme!
No
me demoro más:

No hay comentarios:
Publicar un comentario