lunes, 11 de julio de 2011

Primer encargo.

Heme de nuevo aquí con vosotros después de unos días de asueto. Sí hasta un viejo enano como yo (o por eso mismo, por lo viejo) necesita unas jornadas de descanso y aislamiento. Agradezco que no sólo seguís viniendo, sino que parece que a cada noche el número de escuchantes crece. Sí. He dicho eso, sí. Para mí sois escuchantes no oyentes. ¿No veis la diferencia? Para mí sois del primer grupo, porque veo que realmente escucháis lo que explico, venís con los oídos y el alma preparada para empaparos con lo que este humilde servidor vuestro os va desgranando.

Los segundos, para mí son personas que están en una conversación, pero a la vez en la que se cuece en otra mesa más allá y, además, pendientes de la música que pueda estar tocando un juglar en la misma posada que está el contador. Este grupo a mí no me interesa. Yo prefiero  menos público pero que realmente me ESCUCHE. La verdad es que no le pido mucho más a la vida.

Después de este sinceramiento y así, sin más dilación, os sigo contando desde el punto donde lo dejé hace unos días.

Como os contaba, después de casi tres años de duro trabajo en la forja bajo la atenta mirada de mi tío se presentaron mis amigos para intentarlo hacer rectificar y poder liberarme de mi reclusión.

Aquel día, y en los sucesivos, creo que pudo reírse con ganas de esta panda de jóvenes qué éramos en aquél momento por lo turbados que nos dejó y por el respeto (o el miedo, casi) que le teníamos.

Tal y como os explicaba, mi tío, con la sonrisa en la boca, se fumaba su buen tabaco de la Comarca esperando la respuesta. Mientras yo intentaba ver y escuchar lo que mis compinches deliberaban. En algún momento me pareció oír que iban a dar alguna respuesta claramente errónea y creo que me ponía lívido sólo de escuchar esos murmullos, pero por suerte enseguida algún otro amigo insistía en seguir buscando la respuesta porque no estaba seguro de que fuera la acertada, cosa que me aliviaba algo. Finalmente después de un rato, que me pareció interminable, Frálin muy convencido le dio la respuesta a Bonachón  y éste se adelantó y carraspeando sonoramente se decidió a hablar:

—Mi señor Frenrir creo que ya tenemos la respuesta.

—¡Por Mahal! ¿Cómo? ¿Ya? ¡Qué mentes más rápidas y preclaras!— Se mofó— ¡¡Los 7 Antiguos Guardias Místicos deben estar atemorizados porque puedan verse expulsados del Consejo Real por este grupo de inteligencias tan excelsas!! Bien muchachos. La respuesta. No puedo perder más tiempo con vosotros —Sentenció.

—La respuesta al enigma es “el Tiempo” —A bonachón no parecía afectarle las pullas que les lanzaba mi tío y dio la respuesta sin ni siquiera pestañear de pura concentración, no fuera que al darla alguna palabra no saliera como debiera y Frenrir no quisiera aceptarla por buena.

Se hizo un momento de silencio muy teatral que mi tío alargó más de lo normal para darle mayor misterio. Después de ese tiempo se levantó, vació su pipa, se la guardó y mientras se marchaba dijo:

—La respuesta es correcta. Ahora marchaos. Grór irá a vuestro encuentro cuando acabe todo el trabajo que tiene.

Las caras de los cinco, sobretodo la mía, eran de pura felicidad. Nos dimos abrazos y apretones de manos y enseguida ellos se marcharon y yo volví a la fragua.

Después de que marcharan mis amigos seguí trabajando en la forja y durante unos días más no pude unirme a la Compañía de los Imberbes.

No pude hacerlo porque estábamos acabando un encargo que nos tenía muy ocupados y concentrados. Nos hallábamos rematando los últimos detalles de una espada que estaba destinada a un noble de los Altos Hombres, un Caballero Real que pagaría generosamente un objeto como éste. Un arma destinada a ser el emblema de honor de una Casa.

El trabajo no se acababa forjando y afilando la espada. Se debía, porque así lo había querido el cliente, hacer un trabajo casi de orfebre para rematar el acero, desde la guarda hasta la punta. Ahí, en este decisivo momento del trabajo, entré yo por primera vez como protagonista. Mi tío me dio la inmensa responsabilidad y orgullo de dejar el sello de la Casa del cliente. Este sello diría a cualquier enemigo que cruzara su acero con él a quién se estaría enfrentando.

Además de este emblema pude dejar nuestra marca de artesanos justo por debajo de la guarda de la espada, para que toda persona que la admirase pudiera saber quién la forjó. Ese trabajo más detallado y de filigranas lo pude hacer y por suerte tanto mi tío, como más tarde el cliente, quedaron satisfechos de mi creciente destreza. Lo cierto es que en estos 3 años había aprendido con ciertas garantías este noble oficio con pasión y, en los últimos tiempos, con deleite.

Una vez acabada por completo la espada: afilada, limpia y colocada en un estuche de madera de cedro con una tapa deslizante donde se podía ver el mismo emblema: un barco bajo un cielo estrellado, el objeto ya se podía entregar. En cuanto a esto, la entrega del arma, mi tío me tenía guardada otra nueva sorpresa que os relataré en nuestro próximo encuentro. Así que… ¡hasta la próxima!

Pero antes de dejaros por hoy creo que debo daros una explicación sobre nuestra forma de proceder con nuestros mayores. Vosotros pensaréis “¡estos enanos! ¡Qué cobardes! o ¡Qué sumisos! Sí. Quizá sea así pero tenéis que entender que para nuestro pueblo los mayores son, ¿cómo decirlo? Bueno. Tienen el mayor respeto y son la esencia viva de nuestras tradiciones. Además, si gozan de prestigio se les tiene en tal alta estima como para asumir sin rechistar decisiones como las que mi tío tomó por mí en su momento, hasta que yo poco a poco reivindiqué mi Lugar en el Mundo, mi Destino tomado en libertad y con responsabilidad.

Aunque este pensamiento me rondaba por la cabeza, quería expresarlo y así todos vosotros, amigos míos, podréis entender más cosas de nuestro proceder. Espero que así me entendáis mejor. Bien. De todas formas eso fue hace mucho, pero que mucho tiempo. Ahora las cosas han cambiado hasta para nosotros. Y yo digo: ¡¡gracias a Mahal!! Sí. En estos momentos, bajo las sólidas paredes de las estancias de Erebor, recuperado nuestro reino y nuestros salones, la vida es menos dura y permite ser algo menos estricto con los jóvenes que sólo desean divertirse.

Esta explicación también os puede servir a vos querido escriba, ¿verdad? Entendéis ahora porque no podía hacer otra cosa que seguir esas directrices bastante rígidas. ¿Sí? Me alegráis maese Marce.

Bueno, por esta noche creo que nos vamos a retirar. Sí. Después de unos días de descanso, no conviene cansar a la parroquia no sea que al final no quiera venir por ser este contador muy tedioso y pesado.

¡Buenas noches y hasta pronto!

5 comentarios:

  1. Mi buen e Ilustre Grór, Hijo de Thror, me alegra saber de vos que teneis en mente venir por mi tierra natal! sois bienvenido por supuesto y si quereis traer con vos a vuestro escriba, será un placer recibiros como os mereceis.

    ResponderEliminar
  2. Dos orejas dispuestas a escucharos y a deleitarme con vuestras historias. Si los gritos de la prole lo permiten...

    ResponderEliminar
  3. ¡Querido hermano Barin!
    Me congratula que allá en el sur de la Tierra seamos gratamente alojados. Sin duda traspaso a este ilustre escriba que también está invitado a ver vuestros salones de Beleg-Dûm. Creo aventurar que aceptará de grado a acompañarme en esta última aventura mía.

    ¡Alto (¡y bien alto!) señor Kikito de la Calzada! ¿Este apelativo vuestro a qué obedece? ¿Dónde está Calzada? Acaso, según me explica maese Marce, forma parte del honroso país de Chiquitistán? Decidme, decidme.....

    Grata alegría me ha llevado ver que os dirigís a nosotros a través de estas misivas y más aún que estáis dispuestos a seguir mis aventuras con la mayor expectación posible, dentro del cuidado que merece vuestra familia.
    Realmente estoy muy contento de saludaros y de poder seguir comunicándome con vos en lo sucesivo.

    Gracias a los dos.
    Grór hijo de Thrór.

    ResponderEliminar
  4. Mi queridisimo Gror, como ya os comenté adiviné vuestro acertijo sin problemas. Vale que no queráis te regalarme un anillo de invisibilidad elfico, pero una espadita de esas que fabricáis con vuestro arte de herrero sería un magnífico presente. Que me decís? Yo a cambio os puedo revelar uno de los secretos mejor guardados de mi familia, algo que ha pasado de generación en generación... El GAZPACHO DE AJO! Me parece un intercambio justo.Ahora no me digáis que sois un capitalista de esos que sólo acepta oro como pago por su trabajo... Otro mundo es posible!

    ResponderEliminar
  5. ¡Ummmmm! Querido Juan Luís, veo que sois buen comerciante jajajajaa. Bien. Según dice maese Marce el gazpacho es una bebida muy reconstituyente y refrescante para los días de verano. Bien. ¡Sea! Tendréis una hoja forjada por este, vuestro servido a cambio de que me hagáis llegar ese caldo excelso.
    Un trato es un trato.

    Grór hijo de Thrór.

    ResponderEliminar